«Los científicos dicen que estamos hechos de átomos,
pero a mí un pajarito me contó que estamos hechos de historias»
(Eduardo Galeano)

N

uestro XVII Capítulo General llega a su fin. Trabajar en el Capítulo con el tema: “Animadas por el Espíritu reorganizamos nuestra vida de CFMSS en estilo sinodal”, fue una gran oportunidad para preguntarnos, como familia religiosa, qué lugar nos llama a ocupar hoy el Espíritu del Señor y discernir evangélicamente qué y cómo Él quiere que hagamos. Para ello fue necesario tomar en las mano nuestra vida y misión y, a la luz de la oración; reflexionando, compartiendo y dialogando, revisamos nuestras estructuras internas y externas, a nivel personal, comunitario y de Instituto. Y así fue… en “comunión de espíritu”, teniendo “los mismos sentimientos”, lo que, según la recomendación de San Pablo, significa no sólo “estar de acuerdo”, sino “sentir y pensar en Cristo” , compartiendo preocupaciones y esperanzas, tomando decisiones en común… Así pasaron más de 30 días, con diversidad de culturas y lenguas, pero entendiéndonos a través del lenguaje del amor fraterno.

Sí. ¡Una misión termina y otra comienza! “Todo lo de antes pasó. He aquí que yo hago nuevas todas las cosas” . Esta perspectiva nos enfrenta a la necesidad de retomar el dinamismo creador de nuestro carisma: la presencia ininterrumpida de la gracia de Dios impregnando las mediaciones humanas , reforzando los elementos esenciales que constituyen los fundamentos de nuestra Vida Religiosa: la oración, la fraternidad, la misión evangelizadora, el cuidado de la vida, especialmente de los más vulnerables, porque “en una sociedad de confrontación, de difícil convivencia entre culturas diferentes, de avasallamiento de los más débiles, de desigualdades, estamos llamados a ofrecer un modelo concreto de comunidad que, a través del reconocimiento de la dignidad de cada persona y del compartir el don del que cada uno es portador, nos permita vivir relaciones fraternas”.

Hemos comprendido bien que la apertura a lo nuevo, tanto a los tiempos como a los lugares, favorece el surgimiento de nuevas formas de organización. Por eso, hemos valorado nuestra herencia, regulada y conservada en nuestros Documentos , para reprogramar con nuevas formas la salvación que Dios está escribiendo en la historia de hoy, a través de nosotras. La semilla que sembraron nuestros fundadores debe fructificar en la tierra de cada época; ser fieles al mensaje que nos legaron significa prolongar la inspiración que les movió existencialmente a la luz de los signos: “Nadie usa un pedazo de género nuevo para remendar un vestido viejo. Ni pone vino nuevo en odres viejos. ¡A vino nuevo, odres nuevos!”.

Estamos seguras de que este momento histórico que vive nuestro Instituto, será fecundo en gracia en los lugares donde están nuestras comunidades, es decir, en el corazón de nuestra misión. No es casualidad que el Papa Francisco nos recuerde: “Encontrarán la vida dando la vida, la esperanza dando esperanza, el amor amando”.